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  • Rebeca Lombardo

¿Tú eliges soledad o desconexión?


No hay soledad más grande que la soledad en compañía.

Sentirse solo no es cuestión de estar o no acompañado, es más bien estar desconectado de uno mismo.

Si estás conectado contigo mismo y en sintonía, puedes mantener una equilibrada, deseada e incluso necesaria soledad. Pero si ese sentimiento nace de estar fuera de tu centro, de una inquietud burbujeante que no te permite parar o posarte en ningún pensamiento, si procede de las emociones encontradas entre querer aislarte y ansiar que te rescaten de tu muro de protección autoconstruido;  entonces, la soledad se convierte en vacío profundo.


Esa sensación tan profunda de desconexión de nuestro propio centro, se puede acabar transformando en ansiedad o depresión y puede ser el desencadenante de enfermedades que nos gritan que algo va mal.

Pero desgraciadamente, solemos estar tan alejados de nosotros mismos que no oímos nuestros propios gritos de auxilio.

Por ello es tan importante conocernos, aceptarnos, respetarnos y entendernos. Aprender a estar a nuestro lado en silencio, sin exigencias, ni espectativas en escucha. Sin necesidad de buscar fuera porque todo está en nosotros, es más, sin necesidad de buscar porque ya todo está por esencia en nuestro ser. Y en la absurda e incansable búsqueda partimos de la premisa de separación del todo que ya somos.

En consecuencia, en la conexión con nosotros mismos, jamás sentiremos la soledad como una mezcla de angustia y lejanía, sino como un estado de gracia para estar con uno mismo.

Preguntas de autocoaching

¿Qué es para ti la soledad?

¿De dónde nace esa emoción?

¿Qué te hace sentirte conectada a ti misma?